Reseña histórica (Desde la prehistoria hasta la actualidad)

Reseña histórica
No hay hechos concretos que permitan comprobar que Laspuña existiera en la prehistoria pero dado que en Sobrarbe sí que hay restos de que había pobladores, no sería descabellado pensar que hubiera algún poblado errante por el territorio del término municipal.
Aunque no hay datos que certifiquen que Laspuña existiera en la prehistoria, pudo existir algún poblado nómada, ya que en la comarca de Sobrarbe se han encontrado vestigios de gentes que habitaron en estas tierra en aquella época. De estos asentamientos temporales en la zona de nuestro pueblo han quedado restos toponímicos y  algunos arqueológicos.
De la época romana se conserva todavía un pilar de un puente sobre el río Cinca y es en esa época cuando nace el nombre de Laspuña “Illa Sponas”,  que puede derivar de "sulla sponda" (casi similar a "Illas Sponas") que en italiano actual significa orilla, lado, borde, terraplén, ribera.
Los árabes realizaron varias campañas por Sobrarbe, la mayoría de ellas destructivas y de castigo. En el término municipal se conservan los restos de una antigua tejería, propia de aquella época y de aquellos pueblos árabes.
La historia de Laspuña más conocida empieza en la Edad Media. En un documento de San Victorián fechado en 1085 aparece por primera vez el nombre de Laspuña como “ILLAS SPONAS”. En ese tiempo Laspuña pertenecía al obispado de Lérida. En 1228 aparece en otro documento el nombre de la primera persona que conocemos de Laspuña. Se llamaba Ramón Castany y entonces Laspuña ya se llamaba LASPUNYA.
El rey Jaime II ,el Justo, de Aragón organizó en 1296 la conquista del reino de Murcia tras recibirlo como donación de Alfonso de la Cerda a cambio de favorecer sus pretensiones al trono castellano durante la minoría de edad de Fernando IV. El rey se vio en la necesidad de reforzar sus huestes y para ello recurrió a leva obligatoria que también toco a los habitantes del Sobrarbe, entre ellos los de Laspuña y Ceresa , dejar a sus espaldas sus casas y sus montañas, tal como quedó reflejado en los documentos de convocatoria de “Caballería” y  “Milicias” del mes de abril del año 1300.
En la segunda mitad de 1309 Jaime II puso sitio a la ciudad de Almería y también requirió la ayuda de la gente de Laspuña.
En la Edad Moderna, en 1495, Laspuña era propiedad del Señorío Eclesiástico de San Victorián.
En la época de Felipe II, por los años finales del siglo XVI, los mozos de Laspuña junto con los de Sobrarbe participaron tanto para detener la invasión de Aragón por Felipe II como para defender los puertos de Plan, Bielsa y Gistaín de la invasión de los bearneses.
En el año 1600 el concejo de Laspuña acuerda la construcción de un Molino que llega a durar hasta 1960. Por entonces comienzan la explotaciones forestales y la bajada de maderos por el Cinca con las nabatas, produciéndose una época de gran esplendor económico ya que la madera llegó a emplearse hasta para la fabricación de barcos. En la segunda mitad del siglo se construyó la iglesia de Laspuña y la ermita de Fuente Santa.
Pero a finales de siglo las sequías y las pestes y epidemias asolaron el municipio y diezmaron la población. En 1651 el morbo subió implacable por Aragón hasta su extremidad norte, pues después de Zaragoza y Huesca hallamos datos de pueblos como Laspuña y Ceresa  en los que su población quedó diezmada a más de la mitad. Como consecuencia de esa mortal epidemia se inició en Laspuña y en la comarca la veneración a San Sebastián que es el protector de la peste.
A lo largo del siglo XVII y sobre todo del XVIII la población se recuperó gracias sobre todo al auge de la explotación maderera. A principios de 1800 Laspuña y Sobrarbe se vieron afectados por las invasiones francesas de los ejércitos de Napoleón.
En el año 1835 Laspuña también se vio afectada por las guerras carlistas y la milicia de Laspuña se vio obligada a entrar en batalla.
Ya en 1850, en el diccionario de Madoz se describe a Laspuña como un lugar castigado por los vientos del norte, de 80 casas y una escuela de primeras letras con 30 niños. En 1911 Lucien Briet, a su paso por Laspuña nos deja una descripción de su tránsito por el término municipal hacia San Victorián.
Durante la guerra civil, la vida en Laspuña se vio afectada por los incidentes de la guerra. Una parte de la población murió en el campo de batalla, otros fueron fusilados, muchos sufrieron el exilio y los menos pudieron vivir durante la época franquista. A pesar de ello en 1950 Laspuña contaba con 468 habitantes. La continuidad de las explotaciones madereras permitieron a Laspuña ser uno de los pueblos más desarrollados de la época, llegó a tener un colegio de bachiller municipal cuando no lo había en Aínsa. Sin embargo la emigración a las grandes ciudades siguió siendo la causa del gran declive demográfico, 391 habitantes en 1970, 345 en 1980 y 280 en la actualidad (año 2016 según fuentes del INE).

El puente romano

El puente romano
Puentes medievales
Contenido disponible: Texto GEA 2000

Durante la Edad Media, la construcción de puentes planteaba graves problemas económicos y técnicos. Muchos de los puentes romanos se habían arruinado; donde fue posible, se recurrió al aprovechamiento de los vados naturales existentes; cuando el caudal del río era muy grande, se utilizaron barcas, de cuya explotación se beneficiaban los concejos , Órdenes Militares o los tenentes del señorío . En otras ocasiones, se construyeron puentes de madera, más baratos y fáciles de defender. De todo ello se conservan noticias en la documentación escrita de la época (por ejemplo, el puente de barcas de Monzón, explotado a medias entre los templarios y los vecinos) o bien se conoce por la documentación gráfica posterior (así, grabados y dibujos de los puentes de madera en Fraga y en Zaragoza).
Los puentes de fábrica son los únicos que han perdurado hasta nuestros días. Su conocimiento y estudio se plantean desde dos puntos de vista: arqueológico e histórico.
Los puentes medievales (naturalmente, no sólo los aragoneses) suelen caracterizarse por un perfil fuertemente alomado, es decir, una marcada pendiente a ambos lados, motivada por el uso del arco apuntado; cuando hay apoyos laterales naturales, el arco es de medio punto, resultando un perfil horizontal (puentes sobre tajos profundos). También están presentes en esta tipología los arcos irregulares, rebajados o escarzanos, a veces construidos deliberadamente, otras son precisamente el fruto de una obra defectuosa. En general, puede decirse que las calzadas son muy estrechas, especialmente en comparación con la amplitud de las romanas ; para facilitar los cruces de vehículos o caballerías, se construyen apartaderos sobre los machones. Con la finalidad de disminuir el peso de la obra, arquillos de aligeramiento perforan las pilas o los estribos, facilitando así el desagüe en las avenidas. Las pilas suelen tener adosados tajamares de sección triangular que normalmente sobrepasan la línea de la clave. Las luces de los arcos no son muy grandes, éstos tienden a ser autoportantes, es decir, a mantenerse en pie por sí mismos. Es frecuente la presencia de construcciones anejas de tipo defensivo (torres, parapetos...), religioso (capillas, cruces...) o comerciales (tiendas, molinos, casas...). En cualquier caso, hay que hacer notar que la técnica constructiva de los puentes tiene una perduración cronológica muy amplia. Por otra parte, al tratarse de obras de uso continuo, sufren reedificaciones que pueden insertarse de modo poco claro en la obra original. En resumen, salvo los casos que se pueden datar por medio de fuentes auxiliares (textos, inscripciones, etc.), o los que son verdaderamente arquetípicos, resulta bastante difícil diferenciar categóricamente un puente medieval de otro romano.
En Aragón, podemos distinguir dos etapas en la construcción de puentes. La primera se corresponde aproximadamente con la cronología del arte románico ; en esos momentos, es la corriente de peregrinación que conforma el Camino de Santiago lo que fundamentalmente impulsa, como obra de caridad, a la construcción de puentes en el Aragón primitivo. En este sentido, es muy significativo el hecho de que ya los primeros reyes de nuestra tierra mostrasen su preocupación por este tema: en los testamentos de Ramiro I se encomienda expresamente la reconstrucción del puente de Cacaviello (Triste), hoy bajo las aguas del pantano de La Peña . A partir de entonces, los reyes de Aragón se ocuparán de todos los asuntos relativos a los puentes, evidenciando con ello la vertiente que éstos tienen de obra pública, al servicio del bien común.
La arquitectura gótica desarrolló una técnica adecuada para resolver los problemas que plantea el trazado de un puente, especialmente en lo concerniente a los arcos, algunos de audaz diseño. Se sigue manteniendo la estrechez de la calzada. Entre los numerosos puentes góticos aragoneses, es obligado citar el de piedra de Zaragoza (cuya obra se termina a fines del siglo XV), los magníficos ejemplares oscenses de Capella y San Miguel de Jaca y el turolense de Valderrobres .
Los puentes mantienen en la Edad Media un carácter religioso, que es herencia romana, y que se plasma tanto en la preocupación que la Iglesia muestra por ellos, cuanto en considerar su construcción como obra piadosa, son a menudo santificados y colocados bajo advocaciones salvíficas; a su alrededor se tejen múltiples leyendas.
Los puentes importantes exigían una administración compleja. Normalmente se cobraba por su uso un impuesto, el denominado pontaje. Algunos llegaron a constituirse como figuras jurídicas con entidad propia, capaces de poseer bienes, contratar, etc.

Puentes Romanos. Una de las características fundamentales de los puentes romanos es su cuidada construcción en orden a alcanzar una mejor solidez. Quizá sea éste el motivo por el que nos han quedado tantos ejemplares, unido a la necesidad que siempre hubo de estas fábricas, lo que hizo que fueran reparadas con tanta frecuencia como hiciera falta. De todas formas, las características de cada obra deben establecerse en función de la misma, debiendo considerar que cada puente es el resultado de la resolución de un problema en el que deben tenerse en cuenta varios factores: las necesidades que se desprenden del propio río, las del tránsito, las posibilidades edilicias y económicas que existían en el momento de la construcción, los determinismos que impone el relieve, la composición de los suelos, siempre determinante de las formas de cimentación, etc.
A grandes rasgos, podemos decir que en el territorio aragonés no existen en la actualidad vestigios de la presencia de puentes romanos que no fueran de piedra. Lógicamente, debieron existir algunos ejemplares lígneos que no se nos han conservado ni han dejado ninguna constancia documental, como ocurre, sin embargo, para algunos puentes construidos por el ejército de César sobre el Segre durante la guerra civil, por ejemplo. También es lógico pensar que hubo ejemplares intermedios que tendrían las pilas de piedra y una pasarela de madera, como es frecuente todavía en ámbitos rurales, pero, si esto fue así, no nos ha quedado ninguna fuente documental o arqueológica que lo atestigüe con rotundidad. De la misma forma, los puentes en ladrillo se encuentran ausentes de Aragón, mientras que si los hay en otros territorios que estuvieron dentro de la órbita de Roma.
El material en el que están construidos los puentes romanos en Aragón, la piedra, no es en ningún caso acarreado de grandes distancias, sino que, como es normal en este tipo de obras, se extrae de la cantera más cercana. El tratamiento de los sillares y, por lo tanto, del aparejo corre paralelo a esta diversidad, mostrándose bastante dispar según los casos y dependiendo, fundamentalmente, de la importancia objetiva de la obra y del tipo y bondad del material sobre el que se pueda trabajar.
De forma independiente al tipo de piedra y trabajo de la misma, el despiece de los arcos es de gran calidad. No es infrecuente la combinación de aparejos rústicos para los muros de los pretiles, tímpanos y contrafuertes con arcos cuyo dovelaje está cuidado y perfectamente conseguido. Hay que tener en cuenta que estos arcos debían, a veces, cubrir grandes luces que no constituían, en la mayoría de los casos, un fin en sí mismas, sino que venían forzadas por necesidades derivadas de la forma de cimentación o por el uso; pensemos, por ejemplo, en ríos con rellenos inestables en sus cauces que comprometen la cimentación de las pilas y que aconsejan utilizar el menor número de ellas posible, obligando a los arcos a alcanzar mayores luces. También los ríos navegables, como el Ebro en la antigüedad, fuerzan estructuralmente a los puentes a tener, por lo menos, un arco de considerables proporciones para permitir el tráfico fluvial, como ocurriría, sin duda, en el ejemplar cercano a Celsa .
Las enjutas de los arcos varían mucho en su tratamiento, dependiendo del tipo de puente —sobre una vía principal, marginal, etc.—; en cualquier caso es posible destacar la buena factura generalizada de las conexiones entre estos elementos y el trasdós de los arcos.
Las pilas presentan en casi todos los ejemplares defensas aguas arriba, que en Aragón y por lo hasta ahora conocido son siempre triangulares, como en el caso del puente de Luco de Jiloca, por ejemplo. Un elemento diferenciador importante con respecto a puentes posteriores, que tienden a ser tomados por romanos con relativa frecuencia (sobre todo del siglo XVI), lo constituye el hecho de que estas defensas, en el caso de llegar a tapar parte de la boquilla de los arcos, lo hacen adosándose sobre ellos y no formando un mismo cuerpo con dovelas salientes que traban y se incluyen en el aparejo del paño mural de los tajamares.
Aguas abajo, las pilas suelen presentar contrafuertes adosados o trabados —que en los puentes se denominan espolones— de planta rectangular o, más raramente, semicircular. Una característica común a tajamares y espolones en época romana es que éstos suelen terminar hacia la altura del arranque de los arcos o poco más arriba —nunca sobre la cota de los riñones del arco—, a diferencia de otros ejemplares de cronología más tardía, particularmente medievales, que utilizaron estos refuerzos laterales de los puentes como apartaderos de la vía y, por lo tanto, llevaron su culminación hasta la misma.
El tipo de cimentación sobre el que se asientan es fundamental para los puentes, sobre todo en cuanto a la duración en el tiempo de los mismos. Estas fábricas deben soportar presiones de muy diferente índole: por un lado, el peso mismo de la obra y aquel que pueda producir el tránsito; por otro, las presiones laterales —desiguales normalmente— que provocan la descarga de los arcos, las presiones transversales ejercidas por el agua, sobre todo en períodos de riada y, por fin, la misma erosión del agua que puede socavar las estructuras. Así, las formas de cimentación varían mucho en cada caso, adaptándose a las necesidades y a los condicionamientos del terreno. Siempre que se podía se intentaba construir sobre roca y, si ésta no era accesible, se utilizaban diversas técnicas, dependiendo de la calidad del suelo, variando desde simples zapatas embutidas en el terreno a más o menos complicados sistemas de pilotaje lígneo —para la contención de rellenos poco estables— que continuaban en estructuras pétreas para las pilas.
Es muy poco lo que sabemos sobre las formas de cimentación de los puentes romanos aragoneses. Serían precisas excavaciones para analizar este extremo, actuaciones que no se han realizado en ningún caso.
La forma de construcción de los puentes también es muy variable, dependiendo de la importancia de la obra y de las condiciones naturales de la ubicación. En general, se puede decir que los tipos de construcción se reducen a dos: en seco y dentro del agua. En el primer caso se trata frecuentemente de puentes encajados en estrechas gargantas rocosas, que no precisan de la inclusión de pilas en el propio río, de cursos de agua con períodos de estiaje muy prolongados que pueden aprovecharse para la construcción, o que pueden desviarse del cauce para realizar la obra a pie seco. En el segundo de los casos, la fábrica se acomete desviando alternativamente la corriente de agua a un lado y otro del cauce, construyendo las pilas directamente en el agua o utilizando ataguías.
Los motivos que llevaron al deterioro, destrucción y eventual desaparición de algunos ejemplares fue muy variado. En primer lugar hay que tener en cuenta la ubicación de los puentes sobre caso de cursos de agua tan irregulares como los nuestros. Además de estos factores hidrológicos, hay que contar con las limitaciones constructivas del período que produjo estas obras; principalmente, estas limitaciones se centraban en los problemas de cimentación. En realidad, existían algunas ocasiones en las que era imposible encontrar un estrato estable sobre el que afincar las pilas: de cualquier manera, en época romana no había forma de saber cuál era la conformación del suelo, salvo lo estrictamente superficial, por lo cual era frecuente que estratos poco estables quedaran debajo de las cimentaciones y provocaran, a la corta o a la larga, la ruina del puente.
La técnica constructiva romana perduró durante muchos siglos. Puentes con técnicas típicamente romanas se han estado construyendo hasta hace muy poco tiempo, con lo cual muchas veces es bastante difícil precisar correctamente la datación de un ejemplar, sobre todo en el caso de que se trate de alguna obra marginal o de escasa entidad.
El continuismo edilicio y tipológico hace en muchos casos inservible cualquier análisis que se intente abordar desde estos dos enfoques metodológicos. Hasta tal punto esto es así que una gran cantidad de ejemplares, que siempre han sido clasificados como romanos, están pendientes de un estudio detallado centrado en otros criterios de análisis que puedan ser más reveladores en cuanto a la datación que los tradicionalmente aplicados, como los metrológicos o —en el caso de obras de cierta complejidad— los de trazado teórico arquitectónico.
Así, el catálogo de puentes romanos aragoneses está repleto de lagunas y no exento de dudas. Siguiendo una ordenación alfabética, podemos considerar que merecen un estudio detallado para su reclasificación diecisiete fábricas: el puente llamado de las Aguas, en Bierge (Huesca), sobre el río Alcanadre; el de Alberuela de Laliena (Huesca), sobre el Isuela; el del Algar, en Huerta de Vero (Huesca), sobre el Vero; el existente en el camino de Alquézar a Barbastro (Huesca), también sobre el Vero, de tres arcos, con una luz central de 18,9 m. y uno de los arcos menores rebajados, que será probablemente producto de una refacción; el del Batanar, en Bierge (Huesca), sobre el río Isuela; el del camino viejo de Bierge a Abiego (Huesca), también sobre el Isuela y que presenta tres vanos con tajamares triangulares en las pilas; los escasos restos del de Castejón del Puente (Huesca), sobre el río Cinca, ejemplar importante que contaría con más de veinte arcos con una luz media de unos 15 m.; el llamado del Diablo, en el embalse de Mediano (Huesca), sobre el Cinca, fábrica de una sola arcada de 29 m. de luz, con dos arquillos-aliviaderos gemelos que perforan los tímpanos; el de Laspuña (Huesca); el del Diablo, en Olvena (Huesca), sobre el río Ésera; el de Selgua (Huesca), sobre el Cinca; el de Paracuellos de Jiloca (Teruel), sobre el Jiloca, de tres arcos; el de Rubielos (Teruel), sobre el río Mijares, de un solo vano; el de Botorrita (Zaragoza), sobre la Huerva, con un solo vano de 9 m. de luz; varios puentes cercanos al yacimiento romano de Los Bañales, en Uncastillo (Zaragoza), y el de Maluenda, (Zaragoza), sobre un barranco.
En otros casos, las antiguas referencias bibliográficas que atestiguan la existencia de puentes romanos en algunos lugares nunca podrán ser comprobadas, puesto que estos ejemplares han desaparecido, como en el caso del puente de El Grado (Huesca), sobre el río Cinca, o el que existía sobre el Gállego en las proximidades de Zaragoza y junto al puente metálico que servía a la antigua salida de la carretera Zaragoza-Barcelona.
En otras ocasiones, la pertenencia a época romana está asegurada, el menos para el origen de los ejemplares, como en el caso de doce fábricas: el puente Fornillos, en Chibluco (Huesca), sobre el río Flumen, en cantería de buena factura, con un solo vano de 6 m. de luz; el de la Peña o Cacaviello, en Triste (Huesca), sobre el Gállego y en la actualidad sumergido en el embalse de la Peña —muy deteriorado, pero todavía recuperable—, obra de un arco principal flanqueado por tres laterales, que fue reparado en múltiples ocasiones, una de ellas en el siglo XI por orden de Ramiro I; el de Pertusa (Huesca), sobre el río Alcanadre; el de Calamocha (Teruel), sobre el Jiloca, obra pequeña pero muy cuidada, de un solo arco de 6 m. de luz; el de Luco de Jiloca (Teruel), sobre el río Navarre, obra de tres vanos desiguales que provocan en la rasante de la vía un perfil alomado, con arquillos de aligeramiento en las pilas, lo que hace de este ejemplar —dado su buen estado de conservación— un prototipo bastante clásico que algunos autores datan como republicano, mientras que otros lo fechan en el siglo I d.C.; el de Almada, en Villarreal (Zaragoza), sobre la Huerva, con un arco de 8,6 m. de luz que no completa el medio punto y que, en su estado actual, debe ser producto de una reconstrucción; el de Bilbilis, cercano a Calatayud (Zaragoza), sobre el Jalón, puente que ha desaparecido totalmente —salvo unos apoyos en la roca cercanos al barrio de Huérmeda, al suroeste del antiguo Municipium Augusta Bilbilis—, pero que resulta imprescindible para las comunicaciones de la ciudad, por lo que su hipotética ubicación ha sido propuesta por varios autores; el de Celsa, mencionado por Estrabón (III, 4, 10), cercano a la actual Velilla de Ebro (Zaragoza), sobre el Ebro, localizado recientemente y a la espera de un estudio detenido, que debió ser un ejemplar importante si tenemos en cuenta que el río en esta zona tiene ya un caudal considerable y era navegable en la antigüedad hasta Vareia, ya en tierras logroñesas; el de Cucalón (Zaragoza), sobre la Huerva, con un solo vano de 7 m. y tres fases constructivas bien definidas; el de Piedra, en Zaragoza, sobre el Ebro, del que ya nada queda a la vista que sea antiguo, salvo, con toda probabilidad, el emplazamiento, cuya alineación parece coincidir con el kardo de la Zaragoza romana, quizá la cimentación del actual ejemplar sea antigua, pero la determinación de este punto precisaría de unos estudios todavía no realizados; el de los Pontarrones, en Villadoz (Zaragoza), sobre la Huerva, del que se conserva sólo un bloque de argamasa, y el de Villahermosa (Zaragoza), también sobre la Huerva, en el que se distinguen dos épocas constructivas, a la segunda de las cuales —que no es antigua—corresponde la construcción de su único arco, escarzano, de 7,07 m. de luz.

• Bibliog.:
Beltrán Martínez, A.: «Puentes romanos de Luco de Jiloca y Calamocha»; Caesaraugusta, 4, 1954, pp. 190 y ss.
Burillo Mozota, F.: «Hallazgos pertenecientes a época romana imperial en el Campo Romanos»; Caesaraugusta, 41-42, 1977, pp. 139 y ss.
Fatás Cabeza, G.: «Para una biografía de las murallas y puente de Piedra de Zaragoza según las fuentes escritas hasta 1285»; Hom. al Profesor J. M. Lacarra, II, Zaragoza, 1976, pp. 305 y ss.
Fernández Casado, C.: Historia del puente en España. Puente romano; Madrid, s. a.
Liz Guiral, J.: Puentes romanos en el Convento Jurídico Caesaraugustano; Zaragoza, 1985.
Lostal Pros, J.: Arqueología del Aragón romano; Zaragoza, 1980.
Martín-Bueno, M.: Aragón arqueológico. Sus rutas; Zaragoza, 1977.
Imagen ficticia del puente,basada en los restos actuales y en la historia de trasmisión oral.

La valle en el siglo XIII.

La valle en el siglo XIII.
Tuve una buena sorpresa cuando encontré un documento, nada menos que del año 1230, que hablara de La Valle. No esperaba que pudiera existir un escrito tan antiguo de este valle nuestro, tan apreciado por todos, menos cuando en sí está formado por unas montañas y prados alpinos que no han sido habitados permanentemente aparte de leyendas y posibles asentamientos prehistóricos.
Es un valle del que disfrutamos sus cimas, bosques, prados, aguas y fauna, pero a día de hoy sabemos que sólo fue habitado temporalmente para los aprovechamientos forestales, agrícolas y ganaderos, amén de alguna que otra campaña militar. De estos asentamientos temporales han quedado restos toponímicos y arqueológicos como las bordas, “el molino de las Fredas” dónde se molía el centeno, “el paso ferrerías” dónde un herrero hacía los arreglos más elementales para útiles y caballerías, “el campanal”, “serrato batalla”, etc…
Las noticias que da este documento de 1230 hacen pensar que seguía siendo una extensión de explotación forestal, agrícola y ganadera sin ningún tipo de población pues el escrito solo hace una descripción de sus límites y términos sin nombrar aldea o poblado alguno.
Entonces La Valle era propiedad de un tal Guillermo de Ogeri. Este vivía en Ceresa y todo hace pensar que era un pudiente o por lo menos un gran propietario. Tal vez por una enfermedad, por su avanzada edad o por falta de familia quiso dejar sus propiedades y refugiarse a vivir sus días finales en el monasterio donde se entregó como donado, fenómeno muy frecuente en aquella época entre las gentes con grandes propiedades.
Donó todo a San Victorián con la condición de que los monjes le acogieran y pudiera vivir con ellos y ser cuidado hasta su muerte.
Pedía también el privilegio de poder ser enterrado dentro del monasterio, en concreto en el claustro, sitio donde eran enterrados los nobles o ricoshombres de la región, pues tal vez tuviera tal distinción.
Es curioso que casi ocho siglos después podamos saber donde descansan todavía los restos de este antepasado nuestro.
En la escritura el tal Guillermo dona sus bienes “en Vallicancha, con los términos de Cistos, Besaún y el Brocal, y las tierras que tenía entre el colle de Ceresa y el río Esera, y desde la Serra Montaines hasta Saravillo”.
Llama la atención que los topónimos de Besaún y el Brocal hayan permanecido inalterables en estos ocho siglos. Cambian en cambio el resto: a Vallicancha, el colle y serra Montaines se les denomina la Valle, la Collada y peña Monatañesa respectivamente. Queda por identificar el topónimo Cistos.
El valor de la donación en si es considerable: Todo un valle con tres cuencas fluviales: la de Fornos, la de la Garona y la vertiente que vierte sus aguas desde Collivert hasta el río Esera, ya en la Ribagorza. Toda una extensión con grandes bosques maderables, pastos alpinos para varios miles de cabezas de ganado, leñas, aguas y abundante caza. Una grande propiedad que se sumaría a las ya muchas y extensas que tenía el monasterio.
Esta única propiedad que pasó a manos del monasterio con el devenir de los siglos se ha fragmentado en las propiedades que hoy conocemos: monte público, monte municipal de varios pueblos y múltiples y pequeñas propiedades de agricultores y ganaderos privados, pero que siguen englobadas en una unidad que denominamos la Valle, un bien natural que tiene un legado histórico, que es de todos y que debemos preservar todos con cautela y diligencia.
Sea cual sea el próximo paso de su futuro, es responsabilidad de todos el disfrute o aprovechamiento de forma adecuada, impidiendo que se puedan realizar daños irreparables a su naturaleza.
Texto de Antonio Solanilla (Casa Baron de Laspuña)

Mozos de Laspuña en la conquista de Lorca (año 1300)



El rey Jaime II ,el Justo, de Aragón organizó en 1296 la conquista del reino de Murcia tras recibirlo como donación de Alfonso de la Cerda a cambio de favorecer sus pretensiones al trono castellano durante la minoría de edad de Fernando IV.
Alicante fue conquistada en abril del mismo año, tras una dura resistencia, en el castillo de Santa Bárbara ,de su alcaide Nicolás Pérez. 
Jaime II tomó posteriormente Guardamar con el apoyo de la flota, negoció con Don Juan Manuel, señor de Elche, prosiguiendo hacia Orihuela y Murcia, que capitularon, igual que el resto de la huerta murciana.
La conquista se vio facilitada por la numerosa población de origen aragonés y catalán que habitaba en el reino desde la intervención de Jaime I en 1266, aunque tuvo la oposición de las guarniciones castellanas de los castillos y del obispo de Cartagena.
Una segunda campaña tuvo lugar en 1298, ocupando Alhama de Murcia, y el 21 de diciembre de 1300 capitulaba Lorca tras un largo asedio.
Ante la resistencia de la ciudad de Lorca el rey se vio en la necesidad de reforzar sus huestes y para ello recurrió a leva obligatoria entre los hombres del reino y una vez más tocó a los a los habitantes del Sobrarbe, entre ellos los de Laspuña y Ceresa , ir a defender los intereses del rey de Aragón  tal como quedó reflejado en los documentos de convocatoria de “Caballería” y  “Milicias” del mes de abril del año 1300.


Laspuña y la cruzada de Almería 1309

Laspuña y la cruzada de Almería 1309

En la segunda mitad de 1309 Jaime II puso sitio a la ciudad de Almería. Las crónicas castellanas y aragonesas contemporáneas de los hechos suelen ser muy  concisas dando breves noticias de la preparación del asedio y de su fracaso. Así la Crónica General de España de 1344 se limita a decir: «E el rey de Castilla fué cercar Algeciras e don Jayme cercó Almería e tuviéronlas así cercadas grant tienpo e non plugo a Dios que las tomasen e tornaron cada uno para sus tierras»
Igual de breve es la Crónica de Alfonso XI: «E en el tiempo de este rey Mahomad fué el rey don Fernando a cercar a Algezira e tovola gercada siete meses y en este tienpo el rey don Jaime de Aragón tenía gercada a Almería. E estos reyes de Castilla e Aragón no tomaron ningunos lugares de aquellos que tenían gercados»

En el artículo  «‘Tan grans messions’ La financiación de la cruzada de Jaime II de Aragón contra Almería en 1309 », publicado en la revista Medievalismo, 19 (2009), p. 57-154. Queda reflejada la transcripción íntegra del registro de la Cancillería real que incluye la estimación de los caballos de las principales compañías que conformaron la hueste conquistadora.
En ese registro podemos ver que Ramón Castany de Laspuña aporto cuatro caballos al ejercito de Jaime II de Aragón para la cruzada de Almería.

(Texto copiado del registro)
 Predictus rocinus fuit amissus et facta inde littera regia emende
.-3r Ítem, Castan de Laspunya, de companya del dit n’Exemèn de Foçes, mostrà I cavall de pèl castany escur, stelat en lo front, e fo estimat a – D s.j.
.-Ítem, ell matex mostrà I rocí de pèl negre, ab dues blanqueretes en lo front, e fo estimat per alforrat a – CCC s.j.
.-Ítem, R(amon) Castany de Lespunya, de companya del dit n’Exemèn de Foçes, mostrà I cavall de pèl castany escur, e fo estimat a – D s.j.
.-Ítem, Castany de Lespunya, de la dita companya, mostrà I cavall de pèl ruçio, pigat, e fo estimat a – CCCC s.j.

Predictus equs Castanyi de Lespunya fuit amissus et facta inde littera regia emende.

Acuerdo entre Puértolas y Laspuña en 1563

Año 1563, noviembre, acuerdo entre Laspuña y Puértolas para la construcción de una toma de agua para el molino de Laspuña y el paso gratuito a los habitantes de Puértolas por el puente del Cinca.
Con anterioridad a esta fecha existia en Laspuña un molino harinero mas pequeño, su ubicación estaba en la partida conocida como "O molino tonto". Dado el crecimiento del pueblo debido al auge de la explotación forestal se construyó un segundo molino en el año 1600 que desapareció en la década del 1960 debido a la construcción de la central hidroeléctrica de Laspuña.
En 1850 Pascual Madoz publicó su Diccionario Geográfico-Estadístico Histórico de España donde queda reflejado que en Laspuña existían dos molinos harineros.


Laspuña en el Archivo Diocesano 1588

Relación documental  sobre  Laspuña en el Archivo Diocesano de Barbastro


Serie DocumentalLibro              Legajo       FechaToponimos Descripción
INFORMACIONESA-2855281588Laspuña
PROCESAL CIVILA-771231600Laspuña/BoltañaBeneficio de Laspuña/Jurados de Boltaña
INSTRUMENTOS FUNDACIONALES Y CONCOMITANTESA-3425911604BuerbaCensal otorgado por Laspuña a Anton de Latre
MATRIMONIALA-8131616Laspuña
SECUESTROSA-2945391620Laspuña
PROCESAL CIVILA-891411622Badain/LaspuñaEl Prior de Badayn/Jurados de Laspuña
PROCESAL CIVILA-911431623Laspuña
SECUESTROSA-2945391626Laspuña
PROCESAL CIVILA-951511627Laspuña
PROCESAL CIVILA-991591631Liguerre/Laspuña
EJECUCIONES DE LETRAS APOSTÓLICASA-2755181631Guaso/Laspuña
PROCESAL CIVILA-1011621635Laspuña
BENEFICIAL-PRESENTACIONESA-1322461637Laspuña
PROCESAL CIVILA-1041671643Laspuña
BENEFICIAL-PRESENTACIONESA-1352591647Laspuña
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ORDENES SAGRADASB-21310061763Laspuña
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DIEZMOS-APENDICEB-968871801Laspuña/CeresaAutos a instancia del Rector de Laspuña y Ceresa sobre pago de dècima a Yeba
DIEZMOSB-948851804LaspuñaExpediente del Rector de Laspuña para que se le exima del noveno
ÓRDENES SAGRADASB-28210491866Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1399631867LaspuñaJose Riba/Diacono y Presbiterado
CABILDO/CABILDO CATEDRAL574-B1869Huesca/Laspuña/ViuGonzalo Perez
CLERIGOS IMPOSIBILITADOS E IRRESIDENTESB-31110681879Laspuña/Ceresa
CABILDO/CABILDO CATEDRAL574-B1896LaspuñaDon Pedro Ruba
CABILDO/CABILDO CATEDRAL574-B1896LaspuñaDon Pedro Ruba
PATRIMONIOS PARA ORDENANDOSB-30510651907Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1539711908Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1549721909Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1549721909Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1559721910Laspuña
PATRIMONIOS PARA ORDENANDOSB-30610651917Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1569731917Laspuña
ÓRDENES SAGRADASB-1579731918Laspuña
PERMUTASA-224425 bis1923Laspuña/Bonansa
ÓRDENES SAGRADASB-1579741923Laspuña
CABILDO/SAN VICTORIANA-321573  1614-        1615 Banaston/Abizanda/Laspuña
DESAMORTIZACIONESB-77863 1880/1887  Laspuña1880/1887
CUENTAS DE HABILITACIONA-400 (3 mecanografiada)636  1894-     1933 Laspuña/Ceresa
CABILDO/CABILDO CATEDRAL574Laspuña/NavarriJose Fert y Fumanal/Maria Castan Lacambra
informacion general de arciprestazgoA-359607Laspuña
SANTUARIOSB-44810LaspuñaComprende noticias de distintos Santuarios Badain/Carrodilla/Nuestra Señora del Viñero/Nuestra Señora del Plano en Salas/Fuente Santa en Laspuña/San Antonio, etc
INVENTARIOS PARROQUIALES. Arciprestazgo de SobrarbeB-51816LaspuñaInventario
INVENTARIOS PARROQUIALES. Arciprestazgo de AínsaB-51816LaspuñaInventario
FUNDACIONESB-75860LaspuñaSobre [Pr.?] del beneficio del Rosario
DESAMORTIZACIONES/FINCAS EXCEPTUADASB-78864LaspuñaFincas exceptuadas
CORRESPONDENCIA CON LAS PARROQUIAS. Arciprespazgo de SobrarbeB-124943LaspuñaCorrespondencia de Laspuña

Iglesia Nuestra Señora de los Dolores (Laspuña) S.XVI



Iglesia Nuestra Señora de los Dolores (Laspuña)
El edificio se construye posiblemente durante la segunda mitad del siglo XVI. A esta época corresponden claramente las partes de la cabecera y del tramo contiguo de la nave, así como sus capillas laterales correspondientes. Esta zona del edificio muestra una arquitectura tardogótica propia de la época. Asimismo otro factor diferenciador de esta fase de construcción respecto a la posterior es el aparejo empleado tanto en la bóveda como en los arcos de embocadura de las capillas.
Una segunda fase constructiva tiene lugar durante los siglos XVII y XVIII. Los dos primeros tramos de la nave, sus correspondientes capillas laterales, pórtico y arco de acceso pertenecen a esta época. El aparejo empleado en esta fase es ligeramente más pequeño que la anterior y posee pero factura.
Es posible que interviniera el maestro piquero Pedro Pedenos de Sant Bobiri (también citado en los documentos como Sant Boribi, Pedro Bobería o Pedro Bauberie) con quien los vecinos de Laspuña capitularon en 1600 la construcción del molino.
Al exterior se encuentra revocada - casi por completo y con excepción de los sillares en esquinas - con cemento y encalada, así como la mitad superior del interior de la nave, por encima de los arcos de embocadura de las capillas laterales y por debajo del arranque de los arcos que soportan los diferentes tipos de bóveda.
 La parte inferior presenta piedra repicada a caravista y rejuntada con cemento. La planta del edificio muestra una disposición de nave única dividida en tres tramos con ábside poligonal de cinco lados orientado hacia el E. Asimismo se disponen dos capillas a cada lado, entre el último tramo y la cabecera.
Se aprecian diferentes tipos de bóveda en esta construcción. La cabecera y el tramo contiguo de la nave se cubren con bóveda de crucería estrellada. Los dos tramos subsiguientes se cubren con bóveda de lunetos, los cuales poseen una abertura rectangular en cada uno de ellos que sirve de iluminación lateral.
En cuanto a las capillas laterales, las dos más cercanas a la cabecera se cubren con bóveda de crucería. Las restantes con bóveda de cañón.
El acceso principal se ubica en el tramo de los pies con arco de medio punto biselado con dovelas bien escuadradas. Cuenta con un pequeño atrio cubierto con bóveda de cañón, sin encalar. En este primer tramo se encuentra también el acceso al coro así como una pequeña capilla que alberga la pila bautismal.
Al exterior el edificio presenta un aspecto homogéneo gracias al encalado en toda su altura. Se levantan cuatro contrafuertes en cada lado, entre los cuáles se emplazan las capillas, alcanzando casi la altura del alero del tejado. La pila bautismal es casi semiesférica, apuntada en su parte inferior, labrada con gallones rematados con sogueado cerca del borde liso. La Pila de agua bendita adosada al muro, semiesférica y labrada con gallones que rematan en una banda con botones en el borde. Apoya sobre pilastra estriada de sección semicircular cuyo radio disminuye verticalmente. Ambos elementos datan posiblemente del siglo XVI o XVII.
La Iglesia de Laspuña no fue destruida durante la contienda civil, se utilizó como cooperativa popular donde se almacenaban alimentos, ropa y otros enseres de uso cotidiano.Se quemaron todas las figuras de los santos y se repicó la cruz que había en un escudo en la entrada principal.
La torre del campanario se derrumbó en 1942 como consecuencia de las grandes lluvias de ese otoño y por los daños sufridos durante la guerra, estaba agrietada en sus plantas superiores debido al impacto de un obús de mortero.
Durante el 1945 se cambiaron las  losas del tejado por las tejas actuales, el trabajo lo realizó un constructor de Barbastro llamado Claveria.
El campanario que existe en la actualidad se construyó en 1947 y lo realizó Joaquín Betato Pera teniendo como aprendiz a Enrique Agraz de Tella.
Se colocó la solería actual  sobre la antigua que era de baldosa roja en 1955 , el párroco que ordenó la obra fue mosén Miguel Nacenta y el albañil que realizó el trabajo fue Joaquín Betato Campo.
Se rebozaron las paredes exteriores en el 1957, el constructor fue Guarne, el mismo que hizo las calles de Laspuña.





1600 Contrato para construir el Molino

Contrato para construir un nuevo Molino en Laspuña en 1600, ya que el que que existía no era suficiente para las necesidades del pueblo que había crecido en habitantes debido al auge de la explotación forestal

“Lo habitual era, pues, que el albañil se limitará a construir el edificio y no se ocupara de los mecanismos móviles del molino. De este modo pactó el concejo de Laspuña la construcción del suyo, al comenzar el siglo XVII, con el maestro Pedro Bauberic, piedrapiquero. Este Bauberic no sabemos de dónde procedía. Comenzó haciéndose llamar Pedro Pedenos de Sant Bobiri y acabó figurando como el maestro Baubería. Construyó mucho en Sobrarbe. Levantó la hermosa iglesia de Labuerda, una capilla en Muro de Bellos, la pila central del puente de Puyarruego, la iglesia de Ceresa y quizá también la ampliacion de la de Laspuña.
Cuando se hizo cargo de las obras del molino de este pueblo era ya un hombre maduro. Los de Laspuña le encargaron la apertura de la acequia molinar y la destrucción de una gran piedra que impedía el paso del agua, hasta lograr que pasaran dos muelas (antigua medida aragonesa de caudal). Luego, debía construir «una casa de piedracalso muy bien labrada con toda perficion para molino y haya dos cacabos con sus buenas huellas». Los dos cárcavos habían de tener una altura de 14 palmos. Le ordenaban dejar en las bóvedas «los aguxeros necesarios para los árboles de dichas ruedas en la paret de dicha casa muy buenos aguxeros y bentanas para las canales». Es decir: debía dejarlo todo preparado para que pudieran instalarse los rodetes, los árboles y las muelas, de los cuales el constructor ya no se ocupaba.”
Texto S.Pallaruelo "Los Molinos del Alto Aragón"



Laspuña y la peste del 1651

En  Laspuña y en casi toda la comarca del Sobrarbe se venera a San Sebastián por ser, segun la religion cristiana, el protector de la peste. Esta devoción y veneración por el santo es consecuencia de la epidemia de peste que asoló Aragón en las décadas de 1640 y 1650 y que afecto de sobremanera a algunos pueblos como Laspuña y Ceresa  en los que su población quedó diezmada a más de la mitad.

LA PESTE EN ARAGÓN 1648-1654 · J. Maiso González.


La peste en Aragón de 1648 a 1654 forma parte de la epidemia que, procedente de Africa, se inicia en Valencia en junio de 1647 y se extiende por los reinos de la Corona de Aragón, así como por Murcia y Andalucía.

Muy pronto, en 1648, penetró desde Valencia por la parte sur del reino de Aragón afectando a varias poblaciones dispersas de la actual provincia de Teruel: Sarrión, Mora de Rubielos, Albalate del Arzobispo, Monforte de Moyuela, Collados y Bea.

En los años 1649 y 1650 la peste se reduce a algunas poblaciones del Bajo Aragón próximas a la frontera con Valencia y Cataluña, siendo todavía un fenómeno marginal y fronterizo: Alcañiz, Valdealgorfa, La Codoñera, Calanda, y sobre todo Berge, Los Olmos y Cañizar del Olivar.

En 1651 se produce el avance del ejército de Felipe IV por Cataluña, afectada por la peste; la intensa comunicación de soldados, prisioneros, intendencia, etc., entre Aragón y Cataluña provocó la extensión de la epidemia a lo largo del Ebro hasta la proximidades de Zaragoza y por el norte hasta la ciudad de Huesca como su límite más septentrional: Maella, Caspe, Alcubierre, Leciñena, Peñaflor, Huesca, Lupiñén, Alcalá de Gurrea, Las Pedrosas y Villafranca de Ebro.

En 1652 la peste penetra aguas arriba del Ebro hasta su parte más occidental -Pina de Ebro, Puebla de Alfindén, Zaragoza, Alagón, Borja y Ainzón-; también ataca alguna población al sur del Ebro, como Muel y Cuarte. Pero además de cebarse en toda la línea del río Ebro se extiende a numerosos lugares comprendidos entre el Ebro y el Pirineo: Tamarite de Litera, Albelda, Almunia de San Juan, Salinas de Hoz, Alcalá de Cinca, Belver, Pertusa, Piracés, Sangarrén, Almudévar, Senés, Poleñino, Lanaja, Monegrillo, Perdiguera, Zuera, Luesia y Uncastillo, alcanzando incluso poblaciones pirenaicas como Biescas y Bielsa. 

En 1653 se mantiene en la misma zona desbordándose por algunas poblaciones del Pirineo. En el sur reincide con más mortandad en Borja y Ainzón; se ceba en Calcena y afecta a Alberite, Mesones, La Torrecilla, Manchones y Cascante.
Al norte del Ebro: Peñalba, Candasnos, Lastanosa, Alberuela de Tubo, Barbastro, Labata, Igries, Lierta, Ortilla, Ejea de los Caballeros, Luesia y Lobera. En el Pirineo: Jaca, Yosa, Pueyo, Lanuza, Sallent, Panticosa, Otal, Liniés o Linás, Torla, Broto, Gistaín, Serveto, Plan, San Juan, Foradada, Campo, Benasque y Cerler.

 En 1651 el morbo subió implacable por Aragón hasta su extremidad norte, pues después de Zaragoza y Huesca hallamos datos de pueblos pirenaicos como Laspuña y Ceresa  en los que su población quedó diezmada a más de la mitad.

En 1654 se mantiene en algunas poblaciones del Pirineo: Alquézar, Pintano, Undués-Pintano, Banaguás, Tramacastilla, Boltaña y reincide en Jaca donde asola a su población.
En conjunto, se puede decir que la peste persiste durante tres años en la misma zona, aunque repita pocas voces la misma población. 
Así en el Bajo Aragón se mantiene en 1649, 1650 y 1651. Entre el Ebro y el Pirineo en 1651,1652 y 1653. En el Pirineo en 1652, 1653 y 1654. De los tres años el central suele abarcar una zona más extensa y ataca con mayor intensidad.
La irregularidad es la nota más destacada de esta peste. A unas poblaciones perdona y a otras no, sin que se pueda establecer regla alguna. Entre los núcleos alcanzados por el contagio unos sufrieron ligeras pérdidas, otros padecieron verdaderas catástrofes demográficas (Zaragoza de un 20 a un 25% de su población, Calcena con el 40% y Jaca con el 42,5% ); en ambas categorías se encuentran ciudades importantes y pequeños pueblos, lugares de la llanura y del alto Pirineo.

La importancia de los montes de Laspuña en el XVIII

Plano topográfico y con la Explicación de todos los lugares de Cataluña, Aragón, Navuarra y Castilla donde se cultivan y recoge Cáñamo y la cantidad anual que hacen, los Hornos de Alquitran,Brea y Betun. La descripción de los Ríos Ebro, Zinca, Segre, Aragón , Gálligo, Esca con todos los montes y bosques inmediatos à estos Ríos propios para la construcción de los Navíos. Año 1740.


En 1724, se publicó “el escrito de carácter económico de mayor relieve que vio la luz en España en el siglo XVIII”.
Nos referimos a la Theorica, y Practica de Comercio y Marina de Jerónimo de Uztáriz, en una clara respuesta al escenario internacional. Ya en 1717 éste había expresado sus ideas favorables para adaptar el mercantilismo de Colbert a la situación española. Conocedor de los asuntos bélicos por su condición de ingeniero militar en las campañas de finales del XVII y la Guerra de Sucesión,ocupó en Madrid importantes cargos burocráticos en las Secretarías de Guerra y Marina, Consejo de Indias, Junta de Comercio y Secretaría de Hacienda.
Precisamente por ello, Uztáriz prestó en su Teórica gran importancia, concretamente trece capítulos, a los modos de financiar y organizar la defensa de los intereses hispánicos, entendiendo que la prosperidad comercial iba relacionada con una fuerte Marina de Guerra:
“...que se proponga la fábrica, y existencia de muchos, y buenos Baxeles de Guerra, y de tráfico, por principal, y primer fundamento para un Comercio útil, y grande; siendo cierto, que nunca se podrà conseguir este, sin el apoyo de un considerable Armamento marítimo; ni es dable conservar mucho tiempo una  Armada grande, como la que pide y necesita la constitución de esta Monarchìa, sin los continuos auxilios de un Comercio muy extendido, y aventajado; de modo, que siendo inseparable estas dos importancias en sus progresos, no puede existir la una sin la otra”.
Correlativamente consideró la importancia de las masas forestales para la consecución de su doble objetivo de competir con las fuerzas navales europeas, salvaguardando el comercio de Indias, dedicando dos capítulos de su obra a la preservación de los montes y su fomento. 
Gracias a ellos, podemos conocer más profundamente la situación forestal de la península a comienzos del XVIII, de la que realizó una interesante descripción, que sucintamente exponemos a continuación:
En el primero de ellos (LXIII) expuso como, habiendo solventado la orografía de diferentes terrenos, se estaban cortando grandes cantidades de maderas de diversas especies en los Pirineos, llevándolos hasta el Ebro y desde allí se conducían al mar. Identificaba “tres fabricas en lo más aspero, y elevado de aquellos Montes”, de los que se extraían los troncos que eran llevados por carreteras abiertas expresamente para esta tarea hasta la corriente :

– Montes de La Espuña (Aragón).
– Valle de Hecho y Montes de Oza (Aragón).
– Valle del Roncal, “Monte de Maze, Zurizabeiti, Yzaizpera” (Navarra).

Uztáriz narraba cómo los troncos se bajaban mediante almadías que llegaban hasta el puerto tortosino de Alfaques. Consideraba que todas estas operaciones de transporte, a pesar de ser arduas, terminaban mereciendo la pena pues, no había que desembolsar grandes cantidades de dinero para adquirirlos e el Báltico y desde allí se distribuían a los diferentes astilleros de la Monarquía, redundando todo ello en beneficio público:
“...los referidos Arboles, y demas maderas en el caudaloso Ebro, se conducen por èl, siempre atados, hasta los Alfaques de Tortosa, de donde se transportan, y distribuyen
en diversos Puertos del Mediterráneo, y del Océano, para el servicio de los Baxeles de Guerra, y Galeras de su Magestad, ni los Navìos del Comercio pendientes, de si estos géneros vienen, ò dexan de venir de las Provincias del Norte, ya por la oposición de los temporales, yà, como queda dicho, por la de las guerras, ò intereses encontrados de las Potencias, como sucedía muchas veces por lo passado; escusandose también por este motivo, la pérdida de la gran cantidad de dinero, que nos sacaban por el valor, y tráfico, assi de los Mástiles, y Tablazón...”.
En el segundo capítulo (LXXII), aunque no hablaba de mucha abundancia de robles en el cantábrico, sí afirmaba que aún los había en “suficiente cantidad en los Montes de Navarra, y en los de las Costas desde Guipúzcoa, hasta Galicia inclusives”. Sin embargo apuntaba que los astilleros cantábricos estaban prácticamente paralizados, por lo que se decantaba en desarrollar Arsenal en la Habana ya que “en las Islas, y Tierra Firme de la América tiene Su Magestad de muchas y exquisitas maderas”. En todo caso, consideraba que, de impulsarse un nuevo arsenal en la península, éste debería estar ubicado en Tortosa, pues se encontraría bien abastecida de maderas, brea, cáñamo y jarcia, además de otros Robles catalanes y aragoneses que “estàn asta dos y tres leguas distantes de las orillas del Ebro”, para los que bastaría con trazar una nueva carretera.
.-Alfredo José MARTÍNEZ GONZÁLEZ. Masas forestales para las Armadas: las áreas jurisdiccionales de montes y plantíos (siglos XVI-XVIII).